viernes, 8 de enero de 2010

"El fracaso de Copenhague" (Paúl A. Coca Suárez A.)


El fracaso de Copenhague

Paúl Antonio Coca Suárez Arana (abogado y docente universitario. abog.paulcoca@gmail.com)

Era bastante obvio que la Conferencia Mundial sobre el Calentamiento Global llevada a cabo en Copenhague (Dinamarca) iba a ser un fracaso, ya que varios mandatarios solamente estuvieron allí para hacer política; otros fueron por obligación y sin la más mínima intención de aportar a la maltrecha salud de este planeta. En síntesis, en tierras danesas nada se consiguió.

Países del denominado “primer mundo”, como Inglaterra, le echan la culpa del mencionado fiasco a “países en vías de desarrollo” como el bloque que conforman Bolivia, Venezuela y afines; éstos acusan a aquéllos de ser los responsables no sólo del fracaso de Copenhague, sino de ser los principales contaminadores del planeta.

Debemos ser realistas en varias cosas, entre ellas que efectivamente los países más industrializados son los que más daño hacen al planeta y los que no quieren cumplir tratados internacionales para reducción de gases de efecto invernadero (como Estados Unidos con el Protocolo de Kyoto de 1996), pero decir que ellos son los únicos que contaminan, es falso.

También los países en vías de desarrollo, incluyendo a sus ciudadanos, somos responsables de este planeta. Los repentinos cambios de clima en varias zonas del mundo, Bolivia no fue la excepción, es fiel reflejo de ello, por lo que debemos simplificar que la madre tierra nos está pasando la factura de nuestra desidia.

Damos ejemplos claros y concretos. Los principales ríos del país están contaminados y los responsables somos los ciudadanos: Pilcomayo (sur del país), Rocha (Cochabamba), Choqueyapu (La Paz), Piraí (Santa Cuz) entre algunos, y de ello no podemos buscar responsables en otros países, sino que hay que ser hidalgos y reconocer la culpa.La deforestación en Bolivia está en grado alarmante y tenemos leyes que protegen el ambiente mas no se cumplen; los automóviles caducos siguen circulando en las calles de nuestro país y emanan humo tóxico y que están contaminando el ambiente que respiramos, y pese a existir prohibiciones para ello, nadie las hace cumplir.

El majestuoso lago Titicaca está amenazado por la contaminación de zonas aledañas; Santa Cruz de la Sierra tiene serios problemas con el basurero de Normandía y todo ello genera un fuerte impacto ambiental que amenaza la vida no sólo de los animales, sino de los humanos y, por consiguiente, del mundo. Entonces, si mencionamos algunos problemas ambientales en Bolivia, ello es prueba fehaciente de que también los bolivianos contaminamos. Evidentemente justos pagan por pecadores, pero el no hacer nada por nuestro medio ambiente nos convierte en cómplices del atentado que estamos efectuando contra el planeta en el que vivimos.

Todas las personas, de una u otra forma, aportamos a la contaminación -y destrucción- del mundo en el que vivimos, y lavarnos las manos es el peor error que podemos hacer.

Entonces, en Dinamarca se hizo el intento de que las autoridades del mundo reaccionen y se comprometan a cambiar, mas no se lo consiguió y de qué sirve hacer tantos encuentros mundiales si nadie dará el brazo a torcer y solamente habrá buenas intenciones que nadie cumplirá.

Cuando las zonas áridas se vuelvan más secas; cuando los casquetes polares se deshielen y, por ende, el nivel del mar inunde las zonas costeras; cuando las reservas de agua del mundo sean inútiles porque estén secas o contaminadas; cuando nadie pueda salir de casa por el sol que destruirá la piel o cuando no exista nada que comer, recién reaccionaremos, pero será tarde. El momento es ahora, mañana nada habrá que proteger.